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A veces me pregunto si las personas que participaron, por ejemplo, en la Revolución Francesa fueron conscientes de la relevancia histórica de cada una de sus pequeñas decisiones personales. Estos pensamientos me asaltan cuando intento asimilar y analizar todos los veloces cambios en los que estamos inmersos. Somos, cada uno de nosotros, parte activa de una revolución tecnológica convertida ya en hecho rutinario. Cada día asumimos nuevos hábitos, nuevos intereses, nuevos conocimientos…y lo hacemos tanto desde nuestra faceta profesional, afrontando nuevos paradigmas, como en nuestro papel de modernos consumidores.

Durante años el Dircom, como se conoce nuestra profesión en el ámbito empresarial, ha sido el responsable de acompañar a su equipo directivo en la toma de decisiones y establecer afianzados puentes entre las firmas y sus públicos objetivos, tanto internos como externos. La tecnología, los nuevos canales sociales y las personas –clientes o no- cada vez más conectadas y socializadas están incorporando nuevas exigencias en las compañías, rutinas ligadas a una comunicación bidireccional, pública y notoria con todos los grupos de interés.

En este nuevo contexto, el Chief Communications Officer debe, idealmente, formar parte del comité de dirección y contribuir con su visión al proceso de decisión. La mayor parte de las corporaciones no pueden, o no deben, permitirse el lujo de tomar grandes medidas sin tener en cuenta su efecto sobre TODOS los stakeholders, no sólo aquellos interesados en los resultados financieros.

Los intermediarios entre la empresa y su público objetivo están desapareciendo en un momento en el que el concepto de transparencia goza de una significativa relevancia. Los inversores, proveedores, clientes o trabajadores requieren nexos creíbles y de confianza como única vía que generará valor de marca. Y todo esto pasa aquí y ahora sin posibilidad de echar la vista atrás y aprender de los casos de éxito o de anteriores fracasos.

Hasta ahora las compañías han basado casi exclusivamente toda su estrategia en la lógica de negocio, el análisis y la consecución de resultados. Elementos esenciales para obtener los beneficios necesarios para su crecimiento y sostenibilidad. La comunicación corporativa, la que se ha llevado a cabo entre las firmas y la sociedad, ha sido hasta hace poco unidireccional y en escasas circunstancias se invertían ocasionalmente los papeles. La convergencia entre telefonía e internet móvil ha creado la “quasi ubicuidad” de cualquier persona que tenga un Smartphone. Esa nueva posibilidad de recibir y emitir mensajes y solidarizarse en red con millones de personas, han convertido el lazo empresa-cliente/sociedad en una relación bidireccional sí o sí.

Las personas viven las marcas convirtiéndose en entusiastas y promotores o en contrarios y detractores. Y en este nuevo contexto reputacional, las compañías deben descubrir y potenciar su hemisferio derecho, aquel que consigue establecer con sus clientes conexiones más humanas basadas en las emociones y los sentimientos. Es en este momento en el que la coherencia del mensaje, la veracidad y la honestidad adquieren un nuevo valor que ayuda a la consolidación de la cuenta de resultados. Ambas partes del cerebro empresarial (el izquierdo de la razón y el derecho de las emociones) deben trabajar juntos de manera simultánea y coordinada aunando esfuerzos, sinergias y costes.

La tecnología es un reto que implica enfrentarnos diariamente a nuevas situaciones. Nos obliga, casi de manera constante, a salir de nuestra zona de confort para adaptarnos a estos cambios, aprendiendo en nuestro día a día y buscando pequeños momentos para la auto-reflexión o la posibilidad de compartir con colegas de profesión todas las dudas y sus posibles respuestas.

 

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